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¿SER VÍCTIMA O HACERSE VÍCTIMA?, LO QUE EL SÍNTOMA VELA – María Cruz Rodríguez

Para el psicoanálisis la noción de víctima pasa por la noción subjetiva de goce, por la singularidad de la experiencia de goce de un sujeto.

Desde esta perspectiva todos, en nuestro origen estructural, somos víctimas del Gran Otro, el lenguaje, la inmersión en el lenguaje acarrea, de entrada, en todo sujeto, una perdida de goce  posicionándolo como víctima del lenguaje.

En consecuencia la estructuración del sujeto está sometida a las leyes  del significante, es lo que plantea Lacan como la operación de la alienación, el sujeto alienado al discurso del Otro, alienación estructural.

La inscripción significante implica una renuncia al goce, abriendo la posibilidad de hacer advenir el deseo,  sin esa pérdida de goce el deseo no sería posible, tal como lo entiende el psicoanálisis.

Lacan privilegia  la función del significante en tanto “el significante anula el goce y lo restituye como deseo significado”. La intervención del orden simbólico tiene como consecuencia, la mortificación de la cosa.

El deseo, motor de la vida,  está basado precisamente en una falta de goce ineliminable, goce que no se conforma nunca del todo a las normas sociales o a los ideales de la civilización.

Esta pérdida de goce no la favorece la alianza actual de discursos, ciencia y capitalismo, éste crea las expectativas de un empuje al goce, que tarde o temprano fracasa y muestra entonces, como reverso, la frustración, depresión, la ansiedad, las toxicomanías, la nostalgia, la inhibición de la responsabilidad frente al malestar  del sujeto.

En esta promoción del goce sin freno, en la sociedad hipermoderna, el sujeto es consumido y al mismo tiempo se presenta promoviendo todo tipo de iniciativas, desde el punto vista del control, el higienismo, o la pedagogía, ahora las grandes soluciones vienen del lado de la educación, de la pedagogía, es decir,  nos encontramos con el empuje a gozar y al mismo tiempo con el puritanismo más radical, el intento de normalizar y educar al sujeto. Se trataría, por tanto, de distinguir  la categoría social de víctima de  los elementos subjetivos, que a lo largo de la historia de un sujeto, sostienen la posición de víctima tal como la encontramos en la clínica.

 Tenemos una referencia en el curso Donc de Jacques-Alain Miller. Allí leemos la afinidad estructural entre el yo y la posición, casi la vocación, de víctima. En la época de la idealización del dominio del yo, es la angustia el afecto que acompaña a la victimización.

Es el propio goce sin ley de la víctima, goce indecible, el que no le permite hacerse con el trauma de manera de extraerse de él, así queda  fijada como víctima.

 Cuando alguien acude al psicoanalista pide ser reconocido en su singularidad como un sujeto que sufre de una experiencia traumática, por ello, en primer lugar  está la demanda de ser reconocido  como objeto de la experiencia de víctima.

 Es en este punto  donde el psicoanalista opera una inflexión dirigiendo, en otra dirección, el sentido  dado por el discurso social y jurídico de víctima,  se trata ahora de  subrayar la responsabilidad del sujeto ante su posición de objeto. Esto le da al discurso analítico un cierto carácter subversivo, porque es un discurso que  contraría en su práctica y en su orientación ética esta lógica del discurso capitalista y la alianza que tiene con el discurso de la ciencia.

Es conocido que todo lo que está en juego en un análisis consiste en hacerse responsable de lo que uno padece, en no persistir en la ignorancia de la dimensión mortífera y mortificante del goce, incluso cuando un cálculo inconsciente lo preside, incluso cuando un Otro toma, efectivamente,  parte en ello.

Corresponde al analista, atender la demanda de aquel que sufre, mostrándole la responsabilidad que como sujeto tiene ante su posición de objeto. Se trata de deshacerse de las identificaciones que le aferran al goce.

Es en esta posición fantasmática que intenta eludir la responsabilidad subjetiva, dejando de lado un saber sobre el goce, cuando, en realidad, el pasado condiciona pero no condena.

Desvictimizar a la víctima es la primera forma de devolver al sujeto de la experiencia traumática, la dignidad de ser hablante que podría seguir perdiendo en el juego social de las identificaciones.

Distinguir y separar el eje de las identificaciones del Yo y el eje de la relación del ser que habla ante su posición de objeto es la primera y más simple operación que debemos deducir de la orientación lacaniana al tratar la posición de la víctima sin redoblar su victimización.

Es fundamental  escuchar en la clínica la gran variedad de respuestas que  los sujetos dan ante las condiciones de la época investigando aquella “afinidad estructural entre el yo y la vocación de víctima que se deduce de la estructura general del desconocimiento” de la ley de la victimización inevitable del yo, tal como señaló en su momento Jacques-Alain Miller.

 

NOTAS

Lacan, J.: Seminario XI, “Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis” 1964.

5ª Reimpresión en Argentina 1992.

  • Capítulo 12,  “La sexualidad en los desfiladeros del significante”, ps. 155 a
  • Capítulo16, “El sujeto y el otro: la alienación”, ps. 211/223.

Lacan, J.:  Seminario V, “Las formaciones del inconsciente” 1958/59. Paidós, Buenos Aires 1999.

  • Capítulo 14, “El deseo y el goce”, ps. 259/276.

« Miller  J.-A., “Les six paradigmes de la jouissance». La Cause freudienne, N°43, Paris, Seuil, Navarin, p.10).

Jacques-Alain Miller, Curso del 26 de Enero de 1994, publicado en Donc, La lógica de la cura. Editorial Paidós, Argentina 2011, p. 120-121.

Translations : Espagnol, Anglais, Italien, Néerlandais