la villa de los misteros e pompeya

Testimonio y pudor – Andrea Hellemeyer

El trabajo sobre los testimonios de sobrevivientes de crímenes de lesa humanidad de la última dictadura militar en Argentina, organizó el presente escrito a partir de una  pregunta  precisa: ¿Cuál es el estatuto de la vergüenza y del pudor en el relato del testigo? En qué medida se vinculan a su subjetivación/desubjetivación?[1]

En un conmovedor fragmento del testimonio de Antelme, en ocasión de ser trasladados los prisioneros de Buchenwald a Dachau, hacia el final de la Guerra, las SS fusilaban de modo azaroso a quienes enlentecían el proceso:

“… ante el llamado de un oficial a uno de los prisioneros: … sale un estudiante de Bolonia. Le conozco, le miro y veo que su cara ha enrojecido. Le miro atentamente. Guardo todavía ese rubor en mis ojos… Miró a su alrededor antes de ruborizarse, pero era él quien había sigo designado, y entonces enrojeció, cuando ya no le cabía duda. El SS que buscaba a un hombre, a uno cualquiera, para matarle, lo había encontrado: él…”[2]

El rubor, como tal,  no muere en el fusilamiento, llega hasta nuestros días, trasladando en el tiempo la pregunta por la intimidad en situaciones de horror.

Lacan nos indica que el pudor vela lo real imposible preservando al sujeto, su franqueamiento, supone por ende, su desubjetivación.

En principio la vergüenza, señala Miller, puede ser pensada como un afecto primario de la relación con el Otro. Afecto primario respecto de la culpa, la cual ya supone un Otro que juzga y por tanto un Otro portador de valores morales respecto de los cuales el sujeto ha cometido una transgresión. La vergüenza se ubica primariamente respecto de la culpa,  en tanto, se trata  aquí de un Otro primordial que solo ve o da a ver.

El pudor, por su parte,  nos indica Lacan,  es antónimo de la vergüenza.

Lacan califica al pudor de un modo singular, como “amboceptivo de las coyunturas del ser”[3], ambocepción que refiere a las raíces del pudor proviniendo  tanto del lado del sujeto como del lado del Otro, y sabemos que es  la  relación inaugural con el Otro la que constituye las coyunturas del ser del sujeto.

Es decir, que la inminencia del pudor que sobreviene ante el horror preserva algo de la subjetividad que atestigua el propio arrasamiento. El pudor, como un reservorio afectivo que toca el cuerpo, y que permite todavía, y en ocasiones, un último gesto de resguardo de la propia humanidad.

Una sobreviviente relata: “…era obsceno pensar en reclamar por los bienes materiales cuando nos habían arrebatado la vida.  Como buenas mujeres educadas en el sometimiento… los delitos sexuales eran menores; si nos sacaban la vida, a nuestros hijos, ¿cómo nos íbamos a atrever a denunciar una violación?”

En el pudor el sujeto se encuentra preservado, o para  decirlo más ajustadamente, el pudor preserva al sujeto. En la vergüenza por el contrario nos encontramos con una “pseudocoincidencia del sujeto con el Otro”[4] ya que la mirada de este Otro,  primordial y anterior al Otro que juzga y culpa,  degrada al sujeto a la condición de objeto vergonzoso. Es esta ambocepción del pudor, la que explica de qué modo el pudor supone su resguardo. El cuidado y cautela del lado del Otro, es decir un saber hacer con el pudor, o su versión contraria que es la que aquí nos ocupa, en la cual “el impudor del uno constituye la violación del pudor del otro”. El franqueamiento del Otro respecto del pudor, supone indefectiblemente la afectación del pudor propio, es decir la irrupción, en ocasiones arrasadora, en esta zona de extrema intimidad subjetiva.

Real imposible que  permite ubicar aquello que se pone en juego en la demanda por parte del dispositivo jurídico, de testimoniar la verdad toda a través de la confesión de un goce que el perpetrador ha hecho jugar, arrasando al sujeto.

El pudor es precisamente el velo que recubre este real imposible, y por ende es aquello que merece el mayor de los cuidados. El pudor, por cierto, preserva al sujeto y abre la ocasión para una ética del bien decir.

[1] Hellemeyer,A.. “El testimonio y el pudor” en Destinos del testimonio: víctima, autor, silencio. Gutierrez y Noailles, Comp. Buenos Aires, Editorial Letra Viva, 2015.

[2] Antelme,R. L’Espèce humaine, Gallimard, 1947,

[3]  Lacan, J.: (1963) “Kant con Sade”. En Escritos II.  Editorial Paidós.

[4] Miller, J.A.: (2004) “Notas sobre la vergüenza”. En Freudiana 39, Barcelona.

 

 

Translations : Espagnol, Anglais, Italien, Néerlandais